Blasket Islands y Andrea. Su historia.

The Irish Press, Tuesday, October 23, 1984. 

Hola a todos! Os prometí contaros la historia de Andrea, la mujer alemana que conocimos en la isla. Una historia que nos emocionó mucho, y que no podía faltar en mi blog. Nos pareció una mujer especial, y cuando conocimos su historia, entendimos el por qué nos había parecido tan especial. Se nota en su carácter, en su mirada, en su forma de caminar por la isla. Algo escondía, y cuando nos lo contó quedamos maravilladas con cada una de sus palabras. Este recorte de periódico que me dejó fotografiar, le acompaña siempre en sus viajes a la isla. Lo llevaba dobladito dentro de un libro, y nos lo enseñó con un cariño tremendo. Debajo de la fotografía os dejo la traducción del texto del recorte.

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Por primera vez desde que los isleños nativos se marcharon en noviembre de 1953, Great Blasket resuena este invierno con los gritos de un bebé nacido de una pareja que vive en la isla. Son Bernard y Andrea Guyenot, cuya niña nació el fin de semana en Killarney. La pareja se dirigía al Hospital General de Tralee cuando ocurrió el nacimiento.

Se habían desviado a Killarney para visitar a un amigo y la enfermera local Ann Govan asistió al parto cuando el bebé decidió que ya era hora. Después del nacimiento, madre e hija, cuyo nombre es Lisa, ingresaron en el hospital de Tralee. Ayer por la tarde, la familia feliz salió del hospital para comenzar el viaje a casa, a Great Blasket.

Andrea dice: “Queríamos que el bebé naciera en la isla, pero era imposible conseguir que un médico o matrona se quedara, así que llegamos a tierra firme. Pero tan pronto como podamos, volveremos porque, como todos los demás , nos gusta estar en nuestro propio hogar”.

Ex profesores, los Guyenots ya tienen una hija de tres años, Joanna, que nació en el hogar alemán de Andrea. Bernard, nacido en Francia, tiene 25 años, un año mayor que Andrea, y la pareja hizo su primera visita a las Blaskets hace cinco años. “Inmediatamente nos enamoramos del lugar y no tuvimos ninguna duda de que algún día viviríamos aquí”, dice Andrea. La pareja viajó a las islas todos los años desde 1979 y el año pasado completaron la reconstrucción del restaurante y casa de huéspedes que ahora administran en Great Blasket.

Bernard Guyenot está de acuerdo en que “el invierno será difícil a medida que los días sean más cortos y fríos. No hay electricidad, por supuesto, en la isla y, aparte de la madera y el césped, hacemos un uso extensivo del gas. Durante las últimas semanas, hemos estado acumulando un buen suministro de alimentos. Es esencial contar con reservas, ya que el mal tiempo a menudo nos impide llegar a tierra firme durante un largo período de tiempo. Pero estos meses realmente no serán más difíciles para nosotros que para cualquier otra persona y no estaremos solos, ya que nuestros amigos Silke, Astrid y Harald también se quedarán. Tenemos toda la comodidad y el refugio que necesitamos y, además, también tenemos la alegría de vivir en uno de los últimos lugares no habitados y más grandes de Europa. Tenemos mucha suerte”.

Uno de los mejores amigos de la pareja es el barquero Michael O’Connor, quien, junto con otros hombres de Dunquin, ayudó a Bernard y Andrea a renovar las casas en ruinas que ahora se han convertido en su hogar.

Bernard dice: “Tenemos una buena relación con la gente que vive en tierra firme, a pesar de venir del extranjero y también estar separados por el mar. Nos sentimos aceptados por la mayoría y si hay algunos que no están seguros de nosotros es porque realmente no nos conocen. Somos jóvenes y estamos dispuestos a adaptarnos y tenemos un gran respeto por las Blaskets, las personas que solían vivir aquí y que eran personas orgullosas y duras con gran cultura”.

Ser dueños de sus propias vidas es algo que atrae particularmente a los Guyenots.

Andrea dice: “Es una responsabilidad, pero es maravilloso hacer cosas por ti mismo, convertirte en un buen cocinero, construir tu propio jardín, cultivar tus propias cosas y aprender a sobrevivir con un presupuesto reducido. También tenemos gallinas y cabras mientras que Bernard se dedica a la caza y la pesca en la que ahora es bastante experto. Por supuesto, tuvimos que aprender todas estas cosas para sobrevivir, pero no somos esclavos de nuestro trabajo, nosotros hemos elegimos esta forma de vida “.

A los Guyenot no les gusta la televisión, pero tienen una radio y una grabadora en la que complacen su amor por la música tradicional irlandesa. También han creado una biblioteca con libros sobre la cultura irlandesa y, en particular, sobre Kerry y la isla en la que ahora viven.

Como Bernard me dijo, en un camino hacia los acantilados siguiendo los pasos de Peig Sayers y Maurice O’Sullivan, “probablemente sea cierto que solo las personas que aman la isla profundamente pueden comprender completamente lo que la isla puede darte y lo que también exige. La naturaleza es tan poderosa que nadie puede dominarla y tienes que adaptarte y no pensar que eres el gran jefe de ese pequeño lugar. Aprendes a encontrar la armonía entre la isla y tú. También aprendes a respetar el mar que da tanto y a las aves y en general a toda la vida que existe aquí. Y, finalmente, también puedes aprender a conocerte y respetarte a ti mismo”.

Cuando Bernard y Andrea vuelvan con su bebé de Tralee, volverán a su hogar, las Blasket. Uno siente que Peig estaría muy orgullosa de la joven pareja que está trayendo nueva vida a su casa en Great Blasket.

A continuación os dejo un enlace a un vídeo que la propia Andrea nos enseñó, de la página de Rté Archives. Una entrevista que les hicieron a ella y a su marido en 1985. Tengo que ser sincera, y mi amiga Teresa lo sabe. La historia me emocionó tanto que me puse a llorar…. Si, de esas veces que la historia que lees, un libro, o algo que escuchas o ves, te llegan tanto que te hacen emocionarte muchísimo. Pues eso me pasó a mi.

https://www.rte.ie/archives/category/lifestyle/2015/0417/694737-last-inhabitants-leave-blasket-islands/

Gracias Andrea por tu amistad, y espero que nos volvamos a ver por las Blasket, tu casa, tu hogar……. Hasta pronto.

Irlanda 2018. Cuarto día, 3ª parte

Y ya llega la hora de irse a dormir, pero antes, contaros que en la casa no estamos solas. En la habitación de al lado está viviendo una señora, que según nos ha dicho llevaba ya unos días y se va el domingo. En cuanto la saludamos, enseguida conectamos con ella. Se llama Andrea y es alemana y nos dijo que está enamorada de ese lugar, y que de vez en cuando viene a pasar unos días allí. De hecho, había visto un vuelo barato de Alemania a Irlanda y no se lo pensó dos veces. Al día siguiente, nos enteramos del por qué de esa relación de Andrea con la isla y os aseguro que fue realmente emocionante. Más adelante os contaré.

Después de cenar, nos fuimos a uno de los saloncitos de la casa, ya que Andrea estaba leyendo en el otro salón que da a la entrada principal, y no queríamos molestarla.  A la casa podías entrar desde la parte trasera que da justo a los baños, o desde la entrada principal desde la que puedes ver el mar. Es una maravilla poder tener esas vistas, yo me enamoré de la puerta principal, de la cual podías dejar cerrada la parte baja, y abrir de par en par la parte alta, y poder contemplar lo que tenías delante, un paisaje increible. A parte de las vistas, la tranquilidad, y no me cansaré de decirlo, se respiraba una paz…

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A parte de estos dos salones que os he comentado, decorados en estilo muy rústico, estaba también la cocina, en un rincón del salón principal, de la que nos explicaron cómo dar el gas por si queríamos cocinar. En este mismo salón, al fondo se encontraba  una escalera de madera por la que se accedía a las habitaciones. La de Andrea que es individual, y la nuestra con una cama doble y dos camitas individuales. Y por todas las paredes imágenes en blanco y negro de los habitantes de la isla. De nuevo mucha historia a nuestro alrededor, además de que la casa en la que estamos perteneció a Diarmaid “Jerry” Ó Sé. Os dejo un breve fragmento de su biografía a continuación. Sacado de unos textos que también estaban enmarcados en las estancias de la casa.

Diarmaid “Jerry” Ó Sé

Nació en 1861. A principios de 1885, Jerry se casó con Máire Ni Ghuithin, cuñada de Peig Sayers. Tuvieron dos hijos, Nelly Jerry y Thomas. Cuando la Junta del Distrito construyó las nuevas casas en Slinneán Bán, Jerry y su familia se mudaron a la más meridional de las casas, y Peatsaí Flint y su esposa Peig Sayers se mudaron a la casa contigua. Jerry murió a principios de enero de 1932, cuando tenía setenta años de edad. Sobrevivió a su esposa Máire por unos treinta años al menos.

En el texto se ha mencionado a Peig Sayers, otra habitante de la isla de la cual también os voy a dejar a continuación un breve fragmento de su biografía. Las dos casas, la de Diarmaid y la de Peig Sayers, eran contiguas, y actualmente es donde se puede quedar a dormir ofertado por la empresa Great Blasket Islands.

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La primera casa con puerta azul perteneció a Diarmaid y la que está a continuación a Peig Sayers

Peig Sayers

Nació en la ciudad de Vicarstown, Dunquin, Condado de Kerry, la hija más joven de la familia. Se llamaba Peig por su madre, Margaret “Peig” Brosnan, de Castleisland. Su padre, Tomás Sayers, era un narrador de renombre que transmitió muchos de sus cuentos a Peig. A la edad de 12 años, la sacaron de la escuela y se fue a trabajar como sirvienta de la familia Curran en el pueblo cercano de Dingle, donde dijo que fue bien tratada. Pasó dos años allí antes de regresar a casa debido a una enfermedad.

Pasó los siguientes años como empleada doméstica para miembros de la creciente clase media producida por la Guerra de la Tierra. Ella había esperado reunirse con su mejor amigo, Cáit Boland, en América, pero Cáit escribió que había tenido un accidente y no podía enviar el coste de la tarifa. Peig se mudó a la Gran Isla Blasket después de casarse con Pádraig Ó Guithín (Patrick Guiheen), pescador y nativo de la isla, el 13 de febrero de 1892. Ella y Pádraig tuvieron once hijos, de los cuales seis sobrevivieron.

El erudito noruego Carl Marstrander, que visitó la isla en 1907, instó a Robin Flower, del Museo Británico, a visitar las Blaskets. Flower estaba muy agradecida por las historias y cuentos de Peig Sayers. Los grabó y los usó para el mundo académico.

En la década de 1930, una maestra de Dublín, Máire Ní Chinnéide, que visitaba regularmente las Blaskets, instó a Peig a contarle la historia de su vida a su hijo Micheál. Peig era analfabeta en la lengua irlandesa, aunque recibió su educación temprana a través del inglés. Ella dictó su biografía a Micheál. Luego envió las páginas del manuscrito a Máire Ní Chinnéide en Dublín, quien las editó para su publicación. Fue publicado en 1936.
Durante varios años desde 1938, dictó 350 leyendas antiguas, historias de fantasmas, historias populares e historias religiosas a Seosamh Ó Dálaigh de la Comisión de Folklore Irlandés.
Peig continuó viviendo en la isla hasta 1942, cuando dejó la Isla y regresó a su lugar natal, Dunquin. Fue trasladada a un hospital en Dingle, Condado de Kerry, donde murió en 1958. Está enterrada en el cementerio Dún Chaoin, Corca Dhuibhne, Irlanda. Sus hijos sobrevivientes, a excepción de su hijo Micheál, emigraron a los Estados Unidos y viven con sus descendientes en Springfield, Massachusetts. 

Y ahora si, nos vamos a dormir. Ya está oscureciendo ahí fuera, y dentro como solo tenemos para encender velas, o nuestras linternas, pues ya decidimos que mejor irnos a la cama. Total, a las 5 y pico de la mañana ya es de día jaja. Nos despedimos de Andrea y subimos a nuestra habitación. Enseguida nos dormimos mientras van pasando por nuestras cabezas imágenes del día que hemos vivido en la isla. Y con una sonrisa en la boca, cogemos un sueño reparador y profundo.

A eso de las 6 de la mañana, me despierto y bajo un momentito al baño. De camino, me apetece abrir la parte de arriba de la puerta de entrada, y oh! qué regalo más maravilloso. No sé cuánto tiempo estuve ahí con la mirada perdida entre esas increíbles vistas que tenía delante, perdí completamente la noción del tiempo. Hacía fresquito, pero casi lo agradecía. El ferry de Billy se veía ahí al fondo, y es que la tarde anterior vino su familia a pasar también la noche después de dejar a los turistas en Dingle.

En fin, me volví a la cama. Aún quedaba un ratito más para dormir. El desayuno nos lo servirán a las 9, así que pusimos la alarma a las 8 para prepararnos y demás. Hoy tendremos que volver a Dingle, lo que no sabemos es a qué hora. O bien cuando venga Billy con los turistas que haya recogido a las 11 y cuando llegue se nos lleve de vuelta. O quizás a las 16:30 cuando los turistas se vuelvan a Dingle también. Ya nos dirán. Nosotras de momento sabemos que tenemos todavía mucho tiempo para estar en la isla, y que lo vamos a aprovechar al máximo.

Os contaré más!!!

 

Irlanda 2018. Cuarto día, 1ª parte

Y llegó el día….

Nuestro ferry sale a las 11 desde la Bahía, justo detrás de la Oficina de Turismo, y allí que nos vamos después de buscar un sitio para desayunar, pues no tenemos incluido el desayuno en el b&b y como no hemos visto a nadie para preguntar pues nos hemos ido. Después de dar vueltas y vueltas, pues eran las 9 y no había nada abierto… raro, pero así es, encontramos un lugar muy cuco, tipo una panadería artesana que sirven también cafés, y allí que nos metemos. Y genial, desayunamos muy a gusto, y los dependientes muy amables. Da gusto encontrarte con gente así.

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Y ya con un café en el cuerpo, ya se ve todo de otra forma. Y nos vamos al punto de encuentro, el mismo desde donde esperé el año pasado. Eso sí, el día nada que ver…. vamos en manga corta, y el año pasado llevaba más capas que una cebolla. Increíble pero cierto (me repito). Son las 11 y ya vemos venir a lo lejos a Billy, a bordo del Peig Sayers (se me ocurren mil y una canciones para ponerle a este momento jajaja).

Estamos ya nerviosas, nos espera una aventura, y de momento no somos conscientes de ello. Yo ya viví este trayecto el año pasado, pero sé que este año va a ser muy especial. Voy con Teresa que está tan emocionado como yo y aquí, y tal y como dijo ella, empieza nuestra verdadera aventura.

Nos montamos, saludamos a Billy, nos acomodamos dentro del ferry (bueno, dejamos mochilas), y nos salimos fuera a disfrutar del trayecto. He de decir, así en plan broma, que parecía Vacaciones en el mar por el calor que hacía… Y he de decir también, que acabamos cogiendo colorcico. El año pasado iba helada, y este año… Bueno, a lo que voy, empezamos el viaje, el paisaje es increíble, el adentrarte en medio del océano es algo que hay que vivir. De repente encontrarte en medio de la nada es una sensación maravillosa.

Vemos por el camino, tal y como podéis comprobar en la foto, como las montañas se encuentran recortadas y se ven perfectamente las capas que hacen referencia al paso de los años. (En una de las imágenes se ve muy bien). Pues la capa más antigua puede tener unos 60.000 años. Es algo impactante, es naturaleza en estado puro.

Un poquito más adelante, Billy paró el ferry, y no sabíamos por qué. De repente, unos 5 o 6 delfines empezaron a saltar alrededor nuestro. Qué espectáculo!!! Son preciosos, un regalo, de nuevo, de la naturaleza. Fue difícil fotografiarles, pero bueno, guardo en mi memoria lo bonito que fue.

Y continuamos viaje. Es maravilloso, esa calma, sólo con mirar hacia lo más lejano del océano te da una paz que no se puede comparar con nada. El tiempo acompaña, desde luego, y estamos disfrutando muchísimo de todo lo que nos rodea.

Los mares alrededor de las Islas Blasket son famosos por la cantidad y variedad de fauna marina que puedes ver. En las islas Great Blasket se pueden ver aves como frailecillos y alcatraces, delfines, ballenas, tiburones peregrinos y especialmente focas.

Ha pasado como una hora y media más o menos, y vemos ahí enfrente a la imponente Great Blasket Island. Las Blasket Islands son un grupo de 7 islas que forman parte del Condado de Kerry. Estas siete islas son:

  • An Blascaod Mór (The Great Blasket Island)
  • Inis Mhic Uibheleáin.
  • Inis na Bró.
  • Tiaracht.
  • Inis Tuaisceart.
  • Beiginis.
  • Oileán na nÓg.

El origen del nombre de la isla es un misterio, aunque aparece en los primeros mapas. Localmente se llama la Gran Isla o la isla Occidental. La mayor parte de la tierra de la isla está cubierta de brezo y lleno de conejos. Hay evidencia de habitantes humanos que se remontan a tiempos prehistóricos. La población alcanzó su máximo de 176 en 1916, pero luego disminuyó hasta que la isla fue abandonada en 1954. Los isleños sobrevivieron principalmente en la pesca, complementada por la agricultura, la caza y la alimentación en tierra. Todas las casas estaban agrupadas alrededor del extremo oriental de la isla. No había tienda, iglesia o doctor en la isla, ni electricidad, lo que hacía complicado vivir en algunas ocasiones.

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Y ya llegamos cerquita de la isla. Billy para el ferry al lado de un bote, donde tenemos que subir unos cuantos y hacer dos viajes hasta la rampa por la que se accede a la isla. Nos prepara unos chalecos salvavidas que nos ponemos todos sin rechistar, y Billy hace el primer viaje con seis personas, y mientras el resto esperamos en el ferry a que vuelva.

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Y ya nos toca, todos a bordo del bote que nos acerca a tierra. Tierra a la vista!!. Bajamos, y ya nos adentramos en el paraíso. Emocionante de nuevo, y un día fantástico. Qué suerte hemos tenido. Y vamos directas al Caife donde podemos tomar un café o te gratis pues Billy nos ha dado unas tarjetas para ello. Nos sentamos en las mesitas de fuera, y enfin…… no me quiero ir de allí y acabamos de llegar. Por cierto, qué ricos los bocadillos que nos habíamos preparado.

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To be continued….